NO SOMOS NIMBY

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Hace una semana el diario La Voz del Interior publicó una serie de notas referidas a Cormecor, señalando que la empresa presentaría cambios en el proyecto de enterramiento de basura a fin de que la Justicia revise su fallo contra la instalación de dicho mega-basural en el predio cercano a Villa Parque Santa Ana.

La afirmación resulta sumamente inconsistente ya que la justicia en su fallo del 30 de diciembre pasado dictaminó que el predio en cuestión es INACEPTABLE y responsabilizó a los funcionarios públicos de la Secretaría de Ambiente por haberle otorgado arbitrariamente licencia ambiental a Cormecor. Los jueces señalaron que el procedimiento de otorgamiento de la licencia ambiental está viciado; por lo que es inválido. Cormecor no tiene licencia ambiental. Todo ha vuelto a foja cero. Cualquier nuevo proyecto para el tratamiento y disposición final de la basura de los municipios socios de Cormecor, debe seguir el procedimiento establecido por las leyes: aviso de proyecto, realización de estudio de impacto ambiental, consulta y participación ciudadana en el proceso de evaluación de impacto ambiental, audiencia pública, publicación de las respuestas a la audiencia pública, etc.

Además, el diario continúa construyendo el “problema de la basura” como la mera consecuencia de lo que llaman “efecto NIMBY” (No en mi patio trasero). Entendida como la oposición de las comunidades a proyectos que producen externalidades negativas para las poblaciones próximas, pero son necesarios para una “mayoría”. Para ellos el problema es la gente que se opone; no los proyectos contaminantes.

Al respecto, el antropólogo Ariel Gravano ha señalado que: Oponerse a los efectos nocivos de una actividad o instalación, debido a la toma de conciencia de esos efectos, no puede entrar dentro de la categoría de NIMBY” (2011, 204). Aunque la perspectiva teórica de efecto NIMBY ha sido revisada, relativizada y criticada por muchos autores (Wolsink, 1994; Martín-Crespo, 1996; González, 2009; Arévalo, 2009; Gravano, 2011; Báez Urbina, 2011, 2012, 2013); continúa siendo utilizada por periodistas, funcionarios y algunos académicos. Tratar a los movimientos socioambientales (Merlinsky, 2013) como NIMBY, es una forma ideológica sesgada que intenta ocultar las responsabilidades empresariales por los daños socio-ambientales que generan.  Intenta desconocer las propias leyes ambientales que otorgan a las poblaciones el derecho a participar en los procesos de evaluación y autorización de dichos proyectos. Si los emprendimientos e instalaciones generan daños, las reacciones adversas de las comunidades afectadas en post de defender su calidad de vida son actos de ciudadanía, no “efecto NIMBY”.

No somos NIMBY, porque, como lo ha demostrado la justicia, nuestra oposición a la instalación del mega-enterramiento de Cormecor tiene probados fundamentos socio-ambientales. Nosotros nos defendemos para evitar los daños a la calidad de vida. Lo que es un derecho constitucional. Como señala el propio fallo, las poblaciones más afectadas por el proyecto fueron sistemáticamente invisibilizadas por Cormecor y los funcionarios públicos responsables de evaluar el otorgamiento de la licencia ambiental. HABLEMOS DE DERECHO AMBIENTAL.

Seguir hablando de “efecto NIMBY” evidencia el desconocimiento de las teorías contemporáneas sobre conflictos y movimientos socioambientales; o bien, demuestra el interés de encubrir a los verdaderos responsables del “problema de la basura” de la ciudad de Córdoba y otros municipios. Los municipios de Córdoba han evadido por décadas reducir sus enterramientos sanitarios mediante programas de educación, recolección diferenciada y reciclado. Mientras, otras grandes ciudades del país han avanzado en tal sentido; la docta sigue enterrando el 99% de sus residuos sólidos urbanos. Hay responsables de esta desidia. HABLEMOS DE LOS RESPONSABLES POLÍTICOS.

No somos nosotros los “NIMBY”. Como comunidad hemos asumido desde hace cuatro años el desafío de minimizar los residuos destinados a enterramiento a través de un programa comunitario de separación domiciliaria de residuos, recolección diferenciada y compostaje domiciliario. De hecho, nosotros sí aceptamos nuestros residuos orgánicos en nuestros propios patios, ya que los convertimos en tierra fértil. El tratamiento domiciliario de la basura, o tratamiento “en origen”, debería ser uno de los puntos fundamentales a asumir por las nuevas gestiones municipales. Cada uno debe hacerse responsable de su propia basura y el Estado debe otorgar los conocimientos, ordenanzas, servicios y controles para que sea posible el enterramiento cero. HABLEMOS DE RESPONSABILIDAD CIUDADANA Y BASURA CERO.

Como bien señala el fallo, quienes no quieren sus residuos cerca son quienes los producen, en este caso los municipios integrantes de CORMECOR, que eligieron un predio fuera de sus propios ejidos y al lado de comunidades que no son socias de esta empresa intercomunal. Podríamos llamarle a esto el “síndrome TiMBO” (Tiro Mi Basura a Otros). En lo posible, a pequeñas comunidades, pobres, que no puedan defenderse. Más allá de esta ironía, es evidente que la única preocupación de Geoambiental-Cormecor a la hora de hacer el EIA, fue tratar de prever si habría “NIMBY”; si las comunidades cercanas se opondrían. No les importaron los daños sobre las poblaciones. Para ello, al hacer el EIA, observaron el nivel socioeconómico promedio de la zona según el último censo. Entonces señalaron en el EIA “se prevé un impacto positivo, principalmente para Bouwer y Los Cedros, que se encuentran dentro del patrón de estructuración social bajo” (Textual del EIA-Geoambiental, 2015, 13). Cormecor, Geoambiental y los funcionarios públicos de la Secretaría de Ambiente NO se preocuparon por prever cuáles podían ser los daños generados a las poblaciones cercanas; si no, solamente, anticipar si esas comunidades iban a reaccionar. Ellos saben que los pobres no pueden pagar los altos honorarios de los abogados, presuponen que son más ignorantes de sus derechos, de allí su “preocupación” por el nivel económico de las poblaciones cercanas. También, por ello describieron a Villa Parque Santa Ana como “una población pacífica y con pocas expectativas” (Textual del EIA-Geoambiental, 2015, 277). ¿Con qué acrónimo podríamos calificar estas evaluaciones “técnicas”? HABLEMOS DE ÉTICA PROFESIONAL.

NO SOMOS NIMBY. Conocemos los daños que los megabasurales causaron a la comunidad de Bouwer y los que continúan causando en la zona sur de la ciudad de Córdoba con el actual megabasural de Piedra Blanca. Sabemos que, a mayor proximidad, más daños producen. El fallo determinó que por la ubicación del predio en relación a las comunidades cercanas “no se puede garantizar la no afectación de las poblaciones”. Los peritos señalaron que los vertederos producen más de 100 gases cancerígenos… HABLEMOS DE DAÑOS AMBIENTALES.

NO SOMOS NIMBY. Hemos demostrado ante la justicia los actos corruptos mediante los cuales Geoambiental fraguó el Estudio de Impacto Ambiental para Cormecor; cómo la Comisión Técnica Interdisciplinaria encargada de evaluarlo hizo la “vista gorda” a los groseros errores, mentiras y omisiones del Estudio de Impacto Ambiental y cómo la Secretaría de Ambiente ninguneó e invisibilizó a las poblaciones que serían gravemente afectadas. HABLEMOS DE CORRUPCIÓN.

Nosotros nos preguntamos: ¿Por qué los profesionales que fraguaron datos y los funcionarios públicos responsables de estos actos de corrupción siguen incólumes en sus puestos? ¿No deberían acaso quitarle la matrícula a la consultora Geoambiental y sus responsables por falsedad ideológica? ¿No deberían responder los responsables de Cormecor por toda esta infamia, renunciar a sus cargos y responder ante la justicia? ¿No deberían ser llamados a proceso los integrantes de la CTI y Secretaría de Ambiente que aprobaron arbitrariamente la instalación de Cormecor? Todos los responsables tienen nombre y apellido y continúan en sus cargos como si nada. La denuncia a los funcionarios responsables por mal desempeño está cajoneada desde hace más de tres años en la fiscalía “Anticorrupción”. HABLEMOS DE IMPUNIDAD. HABLEMOS DE CALIDAD INSTITUCIONAL, DE (IN)JUSTICIA, DE DEMOCRACIA…

Basta de mega-basurales

Basta de licencias ambientales truchas

Basta de corruptos impunes

¡JUSTICIA AMBIENTAL!

Asamblea Santa María Sin Basura

Villa Parque Santa Ana, 3 de febrero de 2020

Bibliografía:

Abramovay, R. (2007): Do NIMBY ao NOPE en Estudos avançados, 21 (59), Pp. 380-382

Alimonda, H. [et al] (2017): Ecología Política Latinoamericana: pensamiento crítico, diferencia latinoamericana y rearticulación epistémica. CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Ciccus. 

Almeida, P. [et al.] (2017): Movimientos sociales en América Latina: perspectivas, tendencias y casos. Editado por Paul Almeida; Allen Cordero Ulate. Ciudad Autónoma de Buenos Aires : CLACSO. Libro PDF: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20170721051921/Movimientos_sociales.pdf

Auyero, J. y Swistun, D. (2008): Inflamable: estudio del sufrimiento ambiental. Buenos Aires. Paidos.

Báez Urbina, F. (2011): Acción colectiva y diseño urbano. Notas sobre las oposiciones a la provisión de bienes de uso colectivo en Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, Vol. 10, Nro. 28, 2011, Pp. 17-32.

Báez Urbina, F. (2012): Lo colectivo, lo técnico y lo político: algunos apuntes sobre la necesidad de la deliberación en la construcción de lo público en Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, Vol. 11, Nro. 32, Pp. 15-32.

Báez Urbina, F. (2013). Acción colectiva y movimientos de oposición ciudadana como contralores de decisiones gubernamentales: Una mirada desde la sociología analítica en Revista INVI, 28(79), Pp.97-122. DOI 10.4067/S0718-83582013000300004

Geoambiental-Cormecor (2015): Estudios de Impacto Ambiental “Proyecto de Valorización y disposición de los residuos sólidos urbanos del área metropolitana de Córdoba”. http://secretariadeambienteycambioclimatico.cba.gov.ar/wp-content/uploads/2015/11/EIA-Cormecor.pdf

González, M. (2009): Representaciones y prácticas sociales en torno a políticas urbanas: La movilización NIMBY frente a las redefiniciones de las zonas centrales de la ciudad de México en Sociología urbana y representaciones sociales, Año 3, Nro. 6, Pp. 43- 71.http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/mx/

Gravano, A. (2011): ¿Vecinos o Ciudadanos? El fenómeno NIMBY: Participación social desde la facilitación organizacional en Revista de Antropología. V 54, Nro 1. Universidad de São Pablo. Brasil. DOI: http://dx.doi.org/10.11606/2179-0892.ra.2011.38590

Martín-Crespo Muro, M. (1996): “Por qué sí y por qué no en mi patio de atrás. Una revisión del concepto del síndrome “Nimby” (Not in My Back Yard) en torno al tema de los residuos radioactivos” en Política y Sociedad, 23, Pp. 147-152. 

Massimino, L. y Angeloz, M. (2019): Sentencia “COMPLEJO AMBIENTAL DE TRATAMIENTO VALORACION Y DISPOSICION FINAL DE RESIDUOS SOLIDOS URBANOS DE CORDOBA Y OTROS – CUESTION AMBIENTAL (Expte. 6351888)”. Cámara Cont. Adm. 1ra Nom. Nº Resolución: 214 Año: 2019 Tomo: 7 Folio: 1848-1981.

Merlinsky, G. (Comp.) (2013): Cartografías del conflicto ambiental en Argentina. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fundación CICCUS.

Suárez, F y Ruggerio, C. A. (2012): “Conflictos ambientales en Argentina: paradigmas en tensión” en Preciado Coronado, J. Anuario de la integración Latinoamericana y caribeña 2012. REDIALC. Universidad de Guadalajara (editores). Consultado en: http://redcolca.ungs.edu.ar/pdf/Suarez-y-Ruggerio-Conflictos-ambientales-en-Argentina.pdf Svampa, Maristella (2009): Cambio de Época: movimientos sociales y poder político. Buenos Aires. Siglo Veintiuno Editores.

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